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¡VIDA CONSAGRADA, DESPIERTA AL MUNDO!

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Quería compartir con ustedes hermanas aquello que nace de un corazón agradecido, lo que ha supuesto este encuentro de jóvenes consagrados. Para mí esta aventura empezó hace varios meses, al poder participar en el grupo organizador de dicho encuentro, compuesto por consagrados jóvenes de diversos países y congregaciones, siempre con la dirección de los miembros de la Sagrada Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica que nos recibían afectuosamente en su sede y nos guiaron para que lo imposible si hiciera fácil, ya que un encuentro de estas dimensiones supone llamar a muchas puertas.

En los varios encuentros compartimos nuestras esperanzas y angustias, nuestras pobres y diversas experiencias como jóvenes consagrados. Llegando al acuerdo de los temas centrales que guiarían las reflexiones, como la llamada, la vida fraterna y la misión. Así como los tiempos de compartir, es decir nuestras ganas de experimentar el ecumenismo de la vida religiosa, ver con nuestros propios ojos que la vida consagrada no está muriendo, al contrario tiene una gran sonrisa que ofrecer.

Iniciamos con la vigilia de oración presidida por S. R. Mons. José Rodríguez Carballo, uno de los protagonistas de este encuentro ya que en cada una de sus intervenciones hablaba de corazón a corazón, su sencillez, su sinceridad, su naturalidad y alegría impresionaron a todos.

Consistía en una división del día en tres tiempos, en la mañana nos reuníamos todos en el Aula Pablo VI, para la escucha de las diversas reflexiones. Teniendo una de las mañanas, el jueves 17 el esperado y gozoso encuentro con el Papa Francisco al cual pudimos ver muy de cerca. Respondiendo a diversas preguntas, el Papa nos pidió una actitud de “cercanía” entre los hermanos y con la gente, la profecía avalada por el testimonio, el celo apostólico y despojarse del narcicismo privilegiando con la adoración silenciosa del Señor.

Después de comer sentadas por los suelos de la Plaza San Pedro, empezaba el segundo momento, que consistía en el compartir. Todos divididos en grupos lingüísticos, dispersos por varios lugares de Roma, compartíamos durante dos horas aquellas experiencias que llevamos dentro respondiendo a un cuestionario ya preparado. Dichos grupos eran dirigidos y moderados por un responsable, siendo ésta que escribe, responsable de uno de ellos. Y después un tercer momento, la cena y la participación en las diversas actividades preparadas, nosotras pudimos visitar la Capilla Sixtina, participar en la noche misionera, y la noche de música y testimonios en la Plaza San Pedro.

Esto es una pequeña descripción de aquellos intensos días, pero me gustaría compartirles no solo aquello que oyeron nuestros oídos, lo que habló nuestra boca o vieron nuestros ojos, o lo que anduvieron y bailaron nuestros pies, sino la experiencia que llevo dentro.
Ver el rostro de tantos consagrados me ha dado mucha esperanza, me siento privilegiada al ser llamada a esta vida de consagración. He podido experimentar una Iglesia joven, activa, comprometida, un Jesús vivo con ganas de despertar el mundo. Hemos sido espectadoras de las realidades de la vida consagrada, como son sus dificultades, sus crisis, los pecados de aquellos que la formamos, los múltiples abandonos… pero también de su gran belleza, de su fraternidad, de su entrega, de los diversos carismas que representan a un Jesús completo que sigue vivo en medio del mundo. En esta gran diversidad de carismas, creo que éramos 250 congregaciones, no tiene lugar la confusión o la duda, sino el afianzamiento en aquello que se es, es decir mi ser Sierva de Jesús de la Caridad.

El lema que guiaba el encuentro, "Despertad al mundo", antes de nada creo que nos ha despertado a nosotros, y hemos vuelto a nuestras casas con un corazón más sensible, más humano y fraterno, con fuerzas para seguir caminando aunque sea a contracorriente, sin dejar de ser nunca jóvenes consagradas.

Doy gracias a mi Congregación por darme esta gran oportunidad, así como a mi comunidad por sus esfuerzos, velas, sacrificios, ánimos… aunque conociéndolas sé que han disfrutado cómo y por nosotras, y también a las 11 hermanas que compartieron conmigo esta experiencia inolvidable.

Sor Verónica, Sierva de Jesús

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