Recuperación sin secuelas después de sufrir varias trombosis.

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El día 8 de noviembre de 2010 fui ingresado en la clínica "Reñaca" de la ciudad de Viña del Mar (Chile), para someterme a los exámenes que llevaran a descubrir el por qué de las dos trombosis que había sufrido el día 6, para empezar con el tratamiento adecuado. Quedé internado en la unidad de tratamientos intermedios (UTI) a cargo de Dra. Marianela Hernández, neuróloga.

En esta situación apareció en el umbral de la puerta de mi habitación una monja vestida de blanco, muy risueña y preguntando cómo estaba el enfermo… Le respondí que no muy bien, ya que se habían repetido las trombosis estando en la clínica. Sor Mª Jesús conversó conmigo, llenándome de esperanza, de fe y de ganas de vivir y me entregó una estampita del padre Mariano José de Ibargüengoitia, cuyo proceso de canonización estaba abierto (yo no había oído hablar de él, pero la fe mueve montañas). Esa noche le pedí desde el fondo de mi corazón al padre Mariano que me salvara de la tremenda enfermedad y que me recuperara sin secuelas; pensaba en mi familia y en que soy el soporte para ella… Mi médico iba "preparando" el camino, hablándome de que podía quedar en silla de ruedas, paralítico, etc. Después de cuatro trombosis no es fácil salir sin secuelas de por vida.

En la clínica me estaban realizaron todas las pruebas para dar con la causa de estas trombosis. Yo seguía pidiendo a don Mariano ayuda y paz, con mucha fe y confianza.

En pocos días empecé a recuperar las fuerzas y a tener los exámenes bien, cesando los calambres y el adormecimiento de la parte izquierda, hasta el punto de manifestar a la doctora mi deseo de caminar. Ella no podía creerlo y me decía que en mi estado no podía levantarme de la cama. Ante mi insistencia accedió a ello, enviando un kinesiologo para que me acompañara y comprobara mi estado y fue muy grande su sorpresa cuando me vio caminar con firmeza por los pasillos de la clínica, sin necesidad de ayuda. La mejoría era patente y en pocos días y a la vista de los resultados de los exámenes, la neuróloga me daba el alta y prescribía un tratamiento para seguir en casa durante un tiempo.

Ha pasado un mes desde que dejé la clínica y me he recuperado totalmente, llevando una vida normal, y esto no ha sido una casualidad. Para mi familia y para mí ha sido la intervención de don Mariano José lo que ha hecho posible que yo me haya recuperado totalmente de las trombosis que he sufrido, y que nueve días después esté caminando por las calles de Viña del Mar, dándole gracias en la iglesia de San Expedito. Manejo el auto de mi hija y paso a ver a sor Mª Jesús, que se alegra conmigo.

Gracias a Dios, que escuchó mi oración, gracias al padre Mariano José, al que pedí mi curación desde lo más profundo de mi corazón, con toda la fuerza de mi fe, y que deseo que pronto sea aclamado como el santo, y gracias a sor Mª Jesús Lahoz, enviada del Señor, que hizo posible que todo cambiara, desde que me visitó en la clínica donde me encontraba prostrado, en un momento tan difícil de mi vida.

Rafael Ricardo García Lazo
Viña del Mar (Chile) 2010.

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