La curación de mi mujer… ¿un milagro?

Grabar en formato PDF

El jueves, 15 de marzo 2007, mi esposa Mª Asun se quejó de cansancio, empeorando de hora en hora, hasta que ya no pudo caminar. Después de hacerle una radiografía, le diagnosticaron una pulmonía en ambos lados. Inmediatamente Mª Asun ingresó en urgencias del Hospital de Zug (Suiza). Esa noche la pasaron a la unidad de cuidados intensivos y pocas horas después entraba en coma y la trasladaban al Hospital de la ciudad de Lucerna.

El sábado 17 de marzo, en el Hospital de Lucerna, una doctora me dijo que Mª Asun tenía una pulmonía doble y una infección que se extendía rápidamente; ellos harían lo que fuera posible pero me advirtieron que había que esperar lo peor. Pude ver a mi esposa: estaba inconsciente, muy inflamada, sólo se oía el tono regular de la máquina de respiración artificial y, cada poco, el pitido de una alarma para cambiar algún medicamento.

Por la tarde mandé un correo electrónico a la madre Soledad -Madre General de las Siervas de Jesús y hermana mayor de Mª Asun- para pedirle su ayuda. Como respuesta a mi mensaje, Madre Soledad me aseguró que ella y sus Hermanas de la Congregación estaban pidiendo por Mª Asun.

En la semana siguiente mi esposa comenzó a mejorar y a los diez días la trasladaron de nuevo al hospital de Zug. Cuando salió del estado de coma, Mª Asun estaba completamente paralizada -sólo era capaz de mover los ojos y, un poco, la cabeza-. Los médicos no me garantizaban que mi esposa volviera a la normalidad.

Por fin identificaron el germen que provocó todo; era una variante rara de la bacteria “staphylococcus aureus”: tiene una mortalidad de un noventa por ciento, provoca una toxina muy peligrosa que se extiende tan rápidamente que los antibióticos no pueden frenarla. El director médico me dijo que no habían sido ellos los que habían salvado la vida a mi mujer: “Es simplemente mucha, mucha suerte, sobrevivir a una infección como esta”.

Mª Asun continuó mejorando y recibimos la visita de su hermana, Madre Soledad. Ella nos habló por primera vez de cómo las Siervas de Jesús nos habían apoyado en esta situación tan difícil, y también de cómo toda la Congregación se había unido haciendo la novena a don Mariano de Ibargüengoitia. En este momento yo no le daba mucha importancia a esto, sólo gozaba con los progresos diarios que hacía mi mujer… y disfruté cuando por primera vez pude llevar a los niños para que vieran a su madre. Era un día precioso, era Domingo de Pascua.

A medianos de junio Mª Asun dejaba el Hospital y en octubre fuimos a un último control a Lucerna. En la radiografía del pulmón sólo se veían algunas cicatrices, la potencia del órgano era del cien por cien y la polineuropatía había desaparecido. Los médicos están sorprendidos de la velocidad de la recuperación y de que ésta haya sido sin secuelas.

Vuelvo la vista atrás y no me puedo explicar cómo se puede salir bien de una situación así. Yo creo que el punto clave fue el apoyo de las hermanas Siervas de Jesús, pidiendo la ayuda a Dios a través de don Mariano de Ibargüengoitia.

Soy profesor de Geografía, no soy Teólogo, y por eso no sé exactamente qué es un milagro, pero una vuelta tan rápida de la miseria a la felicidad sólo puede ser un milagro.

Christian Steiger
Baar (Suiza) 2007

Recomendamos