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“El Señor ha estado grande con nosotras y estamos alegres” (Salmo 125)

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Les hacemos partícipes del gozo que sentimos y que muchas veces resulta imposible expresar con palabras, ya que este tiempo de preparación para la profesión perpetua ha sido de bendición y gracia para cada una de nosotras y para todo el grupo. El Señor se ha encargado de abrirnos los ojos del corazón, y así hemos podido permitirle que entrara en lo más íntimo de nuestro ser. Cada día ha sido especial, por eso no pretendemos, ni podríamos abarcar todo en estas líneas; además, hay experiencias maravillosas que han de permanecer en nuestro corazón para recordarlas y gozarlas sólo con Jesús.

¡La Virgen María, siempre tan sencilla!, nos ha dejado en las mejores manos… las de su Hijo, con estas palabras: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5)
Con ella experimentamos la firme certeza de que jamás estaremos solas en este compromiso con Jesucristo. Ella es la mujer de la vida, del amor más sublime. Hemos tenido la dicha de peregrinar a algunos santuarios marianos y contemplar el hermoso rostro de nuestra querida Madre del Cielo, primera Sierva de Jesús. Su presencia ha sido un regalo, nos ha acogido entre sus brazos con ternura, conduciéndonos hasta su Hijo en el sagrario. ¡La presencia de María ha dejado huella en nuestras vidas, en nuestro corazón!
Es verdad que no se puede ir a Lourdes y regresar igual, Ella misma se encargó de hacerlo ¡Qué hermosa es! Cuando faltaba poco para concluir el tiempo de preparación, tuvimos el maravilloso regalo de estar ahí, una experiencia única.

“Dichosos los que oísteis la llamada, al pleno seguimiento del Maestro,
dichosos porque puso su mirada y os quiso por amigos y compañeros”

¡La Casa Madre! un sueño hecho realidad, ¿Qué Sierva de Jesús no sueña con pasar una tarde frente al sepulcro de Santa María Josefa? Estar en la capilla donde reposan sus restos es ir a beber de la fuente donde nace el agua que mantiene con vida la Congregación. Para nosotras ha sido saciar nuestra sed y robustecer nuestro espíritu congregacional de Siervas de Jesús de la Caridad, de la mano de nuestra Santa Madre. Ella nos ha conducido al Corazón de Cristo y nos ha mostrado el inicio de esta bella historia, que se ha escrito con Amor y Sacrificio. ¡Cuántos sentimientos afloran en nuestro interior! Y solo nos queda decir: ¡Gracias!, por hacernos partícipes de esta historia de amor, que ¡sigue viva! Sí, cada una de nosotras queremos responder con fidelidad a esta invitación de Jesús de extender su Reino en el mundo del dolor, siendo la ternura de Dios donde nos toque florecer. Asimismo, pudimos percibir la herencia espiritual de tantas hermanas nuestras que con su ejemplo de vida y servicio nos impulsan a ser auténticas religiosas, a donarnos de tal manera que todo nuestro ser manifieste el amor misericordioso que se funda en el Corazón de Cristo, guía y meta de nuestra consagración religiosa.

Descubrir el paso de nuestra Santa Madre Fundadora es una experiencia inolvidable, caminar por esos pasillos, tocar los muros, todo nos hablaba de ella, y… ¡Cómo no hablar de esos días que pasamos en Vitoria! la tierra que la vio nacer y crecer: sentir en nuestras manos la fuente bautismal donde comienza todo, visitar la casa en la que nació, ahora convertida en museo. Esto es una gracia especial, pues pudimos percibir el cariño y santidad que vieron nuestras primeras hermanas al conservar cuidadosamente cada prenda y artículo que ella usó. ¡Gracias por conservarlo, cuidarlo y hacernos partícipes de esta herencia! De manera muy especial la percibimos en nuestras hermanas mayores, ellas han entregado su vida en esta familia religiosa, sin reservas, con gran amor, y ahora ponen en nuestras manos, lo que por gracia de Dios y para su mayor gloria han levantado con gran esfuerzo ¡Hermanas, lo recibimos con gran alegría! y lo cuidaremos con amor; es una invitación a seguir esta misión, con la gracia del Espíritu Santo, con humildad.

Otro lugar especial en La Casa Madre es la capilla del Cristo de la Salud, ante el cual oró Santa María Josefa y tantas hermanas que nos han precedido. Estar frente a Él es entrar en el misterio de Dios, es lo más grande que hay, es experimentar el amor hecho redención. Ahí Jesús nos acogió, nos abrazó y perdonó, y experimentamos que somos barro en sus manos de alfarero.

El participar en el 150 aniversario de fundación de nuestra Congregación ha sido una gran bendición y enriquecimiento para todas. El recordar nuestra historia, nos hace valorar la entrega y dedicación de tantas hermanas que nos han precedido y que de la mano de Dios han hecho posible el deseo de nuestra Santa Madre, de servir con Amor y Sacrificio a nuestros hermanos más necesitados. Esto nos anima a seguir entregándonos en el servicio de cada día. Gracias Señor, por habernos mirado con tanto amor y elegido para formar parte de esta hermosa familia de Siervas de Jesús de la Caridad, con una Madre tan Madre, como lo es Santa María Josefa y un Padre de la talla humana y espiritual del Venerable Mariano José. Santa María Josefa vive para siempre, y estando en el lugar de los hechos no hace falta mucha imaginación para ver y entrar en esta gran historia, en este camino, en cómo fueron sucediendo las cosas, desde aquel 25 de julio de 1871.

“No sois vosotros los que me habéis elegido, soy Yo quien os he elegido a vosotros” (Jn 15,16)

¡Gracias Jesús! porque tu amor se ha desbordado en nosotras en estos meses, porque nos has regalado unos Ejercicios Espirituales tan profundos que en esos días sentíamos que no había nadie más que “Tú y yo”… Sólo queríamos estar acompañándote ante el Santísimo, adorándote, amándote, mirándote y dejándonos mirar y moldear por tu presencia. Gracias por los días de cursillos que nos han centrado en Jesucristo, del taller “La entrega del corazón”, gracias por la peregrinación a los santuarios de San Miguel de Aralar y Loyola, las visitas a la basílica de la “Amatxu” de Begoña, a la Virgen de la Fuencisla, a la catedral de La Almudena, la coincidencia con la peregrinación ¡Madre Ven!, la participación en las celebraciones con las comunidades de Haro y de Vitoria… y la sencillez del día a día en la Casa Madre y en Bilbao. Gracias por compartir entre hermanas tantos momentos que han sido maravillosas etapas de un camino inolvidable.

Amor solo con amor se paga y al sentirnos inundadas por el amor inmenso de Dios, respondemos queriendo y aceptando gozosamente entregarnos a Él, sabiendo que sólo el que es libre tiene la capacidad para entregar su libertad, y nosotras estamos listas, con la gracia de Dios, para entregar todo al Señor. “Sé de quién me he fiado y a Jesús, sólo a Él le entrego mi vida”.
Gracias Señor Jesús por el regalo tan grande que nos has dado este año 2021…concedernos la Profesión Perpetua, preparando el corazón para esta alianza de amor hasta la eternidad.
¡Gracias, Madres y Hermanas, que hicieron posible este tiempo!

Sor Mirta, Sor Massiel, Sor Irma, Sor Laura, Sor Karina, Sor Rosa, Sor Brisaida Rosa y Sor Angeline

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