Carta a los Laicos
Queridos Hnos/as. Siervos Laicos:

En vísperas de la fiesta de Sta. M. Josefa, de celebrar el Centenario de la llegada a Chile (América) de las Siervas de Jesús, de comenzar en junio el mes del Sagrado Corazón y en el día de N. S. de Fátima, patrona de mi Comunidad Parroquial deseo compartir con Uds. un pensamiento para este tiempo, y lo hago partiendo de aquellas palabras de la Sta. Madre:”…tengan su centro en el Corazón de Jesús”.
Qué hermosas palabras y qué reales deberían ser para Ella, como para cada cristiano, verdad? Pero, cuanta distancia hay entre la mente y el corazón! Todos decimos fácilmente “creo en Dios”, “lo amo”, pero, ¿qué implica esto?. Tener nuestro centro en el Corazón de Jesús, implica “despojamiento”, “humildad”, “anonadamiento”. En un clima de competencias, de apariencias, de mostrarse, de buscar reconocimientos, tener a Jesús en el centro de nuestra vida exige mucha “valentía”, “fuerza espiritual”, “esperanza”. Adoramos a Jesús? Lo visitamos en sus Sagrarios? Nos dejamos contagiar de sus sentimientos?
En nuestros trabajos, familias y entre amigos, en nuestros grupos eclesiales también, cómo deseamos se nos mire, se nos tenga en cuenta, se nos aplauda, se nos recompense (“el Padre que ve en lo secreto se los recompensará, dice Jesús). Hacemos, mucho o poco pero deseamos el “aplauso” de diferentes formas. O por el contrario lo hecho, el servicio que prestamos debe ser “medido”, lo “justito”, para que no se diga nada de mí, porque yo cumplí, vivo en la “ley”, “la norma”.
Sta. M. Josefa nos enseña con todo su obrar, que en ningún momento se movió, hizo, o hasta escribió, para que la miraran a Ella, siempre llevaba a Dios, a Jesús, así son los santos, sin darse cuenta ellos. Es que así obra el corazón que está centrado en Él. Se lo deja a Dios ser el Señor, el Dueño, el que “haga y diga”, el que “sirva” a través de nosotros.- Pidámosle en este camino al centenario de su Pascua, de su muerte un “corazón valiente para ser de Dios en todo momento y lugar”, para aprender a darnos ampliamente, generosamente sin esperar la recompensa, a asumir así el “ser fraternos en serio” “solidarios en serio”. Busquemos personal y en grupo máximas que nos animen al “servio”, al “amor-caridad” y recemos para que todos podamos vivirlas. Recordemos a S. Pablo: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta”
¡ Feliz tiempo de Gracia en estos Centenarios, cuidados por el Corazón Inmaculado de la Madre de Dios, para uds. y sus familias!
Pbro. Ricardo E. Ochoa - Asesor Espiritual
Jueves 12 de mayo de 2011, por

