150 Aniversario

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Hilo de Oro

Agosto 2020

Cuando todo empieza

Nosotros somos criaturas finitas. Es decir, que nuestra vida tiene un principio y un final. Y toda ella está envuelta o rodeada de circunstancias especiales, únicas, que se van desarrollando como una madeja que devanamos para que pueda participar en el trabajo que estamos llevando a cabo.

Dentro de esa madeja, de las circunstancias y acontecimientos que forman nuestra vida, está nuestro particular Hilo de Oro. Naturalmente, al formar parte del todo de la madeja, está entrelazado con otros muchos hilos, enmarañado incluso, a veces lleno de nudos, muy enredado, incluso sucio. Pero siempre presente.

A veces, puede parecer que se ha roto, incluso que lo han cortado con un tijeretazo inoportuno o premeditado. Y la madeja puede complicarse del todo, pues le falta ese hilo maestro que la hace estable. ¿Qué hacer? ¿Desechar nuestra madeja? Pudiera parecer la solución más rápida, pero ¡alto! Quizá no sea la más conveniente. Los expertos tejedores tienen mil soluciones y argucias para reparar estos frecuentes desaguisados que ocurren, y que muchas veces, son causados por la inexperiencia o torpeza de nuestras manos, a veces jóvenes y poco acostumbradas al manejo de Hilos de Oro.
Cuando comprobamos que solos no podemos salir del atolladero, lo mejor es pedir ayuda. Si lo hacemos, entonces, el maestro tejedor interviene en nuestro trabajo. Con mano delicada, para no romper otros hilos, busca pacientemente nuestro Hilo de Oro, para unir los dos cabos en donde estaba la rotura, y poner nuevamente en marcha nuestra madeja.
Seguramente esto no solo ocurrirá una vez, sino varias. Si después de una experiencia de descalabradura de madeja, recurrimos al maestro, y vemos un buen resultado, podemos tener la confianza de que su experiencia y destreza nos ayudará a salir de apuros e iremos aprendiendo a manejar cada vez mejor el delicado Hilo de Oro.

Unas veces lo hará personalmente. Otras, nos insinuará donde podemos encontrar el fallo, y el modo en que podamos repararlo con nuestros propios recursos. Otras veces nos indicará si algún otro tejedor compañero puede echarnos una mano. Y de este modo, iremos devanado nuestra madeja y componiendo el tapiz de nuestra vida sin perder de vista ese Hilo de Oro que le va dando forma.
Al final, cuando el tapiz esté terminado, será el maestro tejedor quien venga a revisar nuestro trabajo, enmendar los errores, y rematar la obra con mano maestra. Y tomado el cabo final de nuestro Hilo de Oro, el mismo, con su mano, la firmará poniendo nuestro nombre.

Lo que puede parecer un cuento, no lo es en realidad. Es la metáfora de nuestra vida, y de todas las vidas que han sido y serán en el mundo. Con ellas se van formando los maravillosos cuadros que el Artista eterno quiere hacer con sus criaturas. Y a todas nos pide nuestra colaboración. En mil tareas y formas. A todos nos tiene destinados para ser Hilos de Oro brillantes en sus obras, no importa el grosor ni la duración del hilo. Basta que no pongamos obstáculos, aprendamos a soltar los nudos, los enganchones del hilo, y seguir formando la trama.

El nos dará las pautas a seguir en el dibujo, y las formas de lo que desea que hagamos con nuestra labor. Esa colaboración nos sorprenderá, pues cuando llegaremos a descubrir la totalidad del tapiz del que hemos formado parte, veremos que nuestro pequeño Hilo de Oro era imprescindible para la belleza de todo el conjunto.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Con motivo del 150 aniversario de fundación de las RR. Siervas de Jesús de la Caridad, haremos un recorrido por nuestra historia congregacional de la mano de Sor Itziar Elguea. Un maravilloso itinerario llamado “Hilo de Oro”.

Hilo de Oro

Cuando miramos un acontecimiento cualquiera, y sin necesidad de tener una vista de águila, podremos darnos cuenta de que “algo” serpentea por los entresijos que forman el objeto de nuestra curiosidad, por llamarlo de alguna manera, como si fuera el “leiv motiv” de todo ello.

De ese mismo modo, si nos fijamos en nosotros mismos, en nuestra propia vida, no tardaremos en descubrir ese “algo” que va dando forma a nuestros pensamientos, vivencias, etc. Y que es lo que marca el camino que recorremos.
Es por eso, que creo que todos tenemos nuestro “Hilo de Oro”, una razón que nos va guiando casi imperceptiblemente por todo nuestro existir. Y que endereza lo torcido, abre puertas desconocidas que hasta entonces se mantenían cerradas o simplemente eran desconocidas para nosotros. Cuantas veces, seguimos un ideal, un sueño, o quizá una quimera. Las cosas se tuercen y retuercen, seguimos por aquí y por allá, volvemos atrás, tomamos una nueva ruta, nos topamos con un muro o un callejón sin salida. ¿Qué hacer? Algo nos dice que lo mejor era volver a cierto punto en que quizá se pudiera hallar salida a esa situación. Lo pensamos, nos desanimamos, y después de muchas vacilaciones, nos decidimos.

Y allí estaba la solución. Inesperadamente vemos luces que no habíamos percibido anteriormente, nos sentimos con fuerzas con las que no contábamos, y somos capaces de colocar las piezas de nuestro puzle en un santiamén, siguiendo los cauces que nos marca el sendero tenue al que no habíamos dado importancia anteriormente.

Ese sendero tenue, esa pieza insignificante que todo lo pone en su sitio, es nuestro “Hilo de Oro”. Es la fuerza que nos recoloca, que nos pone en nuestro sitio, y nos abre los ojos a un panorama desconocido, pero a la vez hermoso y atrayente, aun cuando tenga sus riesgos y trabajos.
Una vez en el comienzo de nuestro “Hilo de Oro”, las cosas cambian. ¿Todo fácil? De ningún modo. Hay asperezas, disgustos, sufrimientos, pero sabemos que es el camino de nuestra vida, y por el que debemos seguir adelante, trabajando constantemente en vencer los retos que se nos van apareciendo. Y cuando se tiene la seguridad de estar en el camino verdadero, nos sentimos con fuerzas y entusiasmo para seguirlo.

Alguien que trabajó y lucho por seguir el “Hilo de Oro” de su vida, fue Santa María Josefa. Como todos nosotros, necesitó encontrarlo, ya que también, como nos ocurre también a nosotros, estaba mezclado y envuelto en muchos otros hilos, que no le dejaban mostrar su brillo, y esa opacidad la obligó a trabajar para desentrañarlo, desprenderlo de cuanto lo ocultaba, y una vez en posesión de él, seguirlo resueltamente.

El Hilo de Oro siempre es la voluntad de Dios. Los caminos de la Providencia. El plan especial que el Señor nos ha trazado a cada uno. Solo nosotros lo podemos cumplir. Es personal e intransferible. Quedará eternamente vacío si nuestro egoísmo, comodidad, cobardía y tantos otros miedos, nos bloquean para no llevarlo a cabo.
Pero también será fuente constante de alegría y gozo, porque ¿Quién es el que tiene los dos cabos de nuestro Hilo de Oro? Dios, el Eterno infinito inmutable, que es seguro y firme, bueno, poderoso, y nos ama como el Padre que es.
Celebramos los 150 años de la fundación de la Congregación. Un maravilloso “Hilo de Oro” en el que todas estamos enroladas, con un fin que sabemos merece la pena. A lo largo de este año, podemos ir descubriéndole y conociéndole.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Julio 2020

Portafolio

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