150 Aniversario

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Hilo de Oro

Octubre 2020

Asomándose a la vida

Nuestra protagonista, joven y buscando un objetivo en su vida, encuentra en su familia el cauce natural para desarrollar su talento y sus iniciativas. Sabemos poco de los años siguientes de Mª Josefa. Recuperada de su accidente por la intervención de San Miguel, la vida sigue su curso. Vendrán a la vida sus dos hermanas, aunque una de ellas solo vivirá pocos meses. Y como todo niño, hará sus primeros descubrimientos de un mundo que se encuentra con solo abrir la puerta de casa.
Los paseos por las calles del casco viejo de Vitoria, las visitas a las Hermanas de la ama, religiosas en el cercano monasterio de las Clarisas, y el explorar los rincones de la hermosa almendra medieval en donde se encontraba su casa, fueron sustituidos pronto por otro escenario inesperado: el de la escuela. Un vuelco en la vida de todo chiquillo, que tiene que adaptarse a un horario, una disciplina, unos compañeros. Mª Josefa entró de lleno en su nuevo mundo, y no muy contenta que digamos, pues el ruido y el barullo de los otros niños, no era muy de acuerdo a su temperamento tranquilo y reposado. Pero tenía que aprender para su formación en la vida. En eso, su madre, Petra, tenía las ideas muy claras: aprender a leer, escribir bien, y sobre todo, las cuatro reglas, imprescindibles para toda mujer, que está llamada a llevar en el futuro la economía domestica de su hogar. Y luego otras cosas también imprescindibles, como coser, tejer, cocinar y limpiar. Un plan de formación integral que no tenía desperdicio, y que al terminar, la dejará en posesión de unas habilidades y conocimientos adecuados para poder enfrentarse a la vida.
Mª Josefa estaba de acuerdo con el programa de su madre…aunque negoció algunas formas: si aprendía pronto los conocimientos intelectuales, los prácticos los podría adquirir en casa, al lado de ella, que era buena instructora. A Petra no le pareció mal la propuesta. Y Mª Josefa aprendió rápido y bien las cuatro reglas, la lectura y escritura. Seguido, la segunda parte en casa era coser y cantar.
Vaya, que bien se va trenzando el Hilo de Oro de Mª Josefa. Parece que no hay tropiezos. Pero no es así. Nuestra pequeña protagonista tiene siete años, es la primogénita de la familia, y sus padres son jóvenes que cuidan a sus dos hijas. Pero inesperadamente sobreviene un trágico incidente: Bernabé sufre un derrame cerebral que le lleva a la muerte, dejando a su familia sumida en la más profunda desolación. ¿Como ha sucedido tan terrible acontecimiento? Las enfermedades no vienen con un libro de instrucciones, ni explican cómo afrontar situaciones altamente duras de sobrellevar. Quienes padecen sus consecuencias, tendrán que encontrar recursos para poder seguir la vida, aunque sea en medio del dolor y de las carencias en que quedan por la falta de la persona que muchas veces era quien sostenía el hogar.
Ese es el marco en que se desenvolverá la vida de Mª Josefa en adelante. Al lado de su madre y de su hermana pequeña, aprenderá otras asignaturas prácticas de la vida, que nadie te enseña, pero que poco a poco van entrando en la vida, en silencio, sin ruidos y que van moldeando la escultura de nuestra existencia, quitando lo que “sobra” al bloque del que saldrá la obra de arte que se encuentra escondido dentro.
Y también dentro de esa obra de arte que será la vida de Mª Josefa, se va devanando su Hilo de Oro. Ese hilo sutil, escondido, que pasa desapercibido a los ojos de la mayoría de las personas, pero que está muy presente en nuestro ADN espiritual, con el que todos venimos al mundo, y que es pieza clave en nuestra existencia.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Septiembre 2020

Nuestros pequeños grandes pasos

A lo largo de este año jubilar de nuestros primeros 150 años de vida en la Iglesia, iremos siguiendo las trazas de los Hilos de Oro que lo han hecho posible. Porque los Hilos de Oro suelen empezar su andadura de una manera muy silenciosa y humilde, casi se diría, sin darnos cuenta. El maestro tejedor es siempre discreto, y se las arregla para que el entramado del tapiz progrese de forma sencilla, y sin alborotos.
El primer Hilo de Oro del tapiz de las Siervas de Jesús, el maestro tejedor lo colocó en un taller humilde y que, en apariencia, no tenía nada que ver con la urdimbre textil. Era un taller de sillas de enea, y allí, lo que había eran garlopas, cuerdas, mimbres y otros utensilios, de apariencia bastos.
Pero allí estaba el Hilo de Oro que nos puso en marcha. En la hija del sillero, una niña pequeña, en una ciudad pequeña, en una vida sin relieve aparente. ¿Por qué será que los Hilos de Oro se encuentran tan escondidos? Y, además, van devanándose sin ruido.

En esa niña, a la que sus padres llamaron Mª Josefa en el bautismo, todo en su vida corre normalmente. Tan normal que nada hace pensar que será algo muy grande dentro de unos años. Pero ahora, en la segunda mitad del siglo XIX, solo se aprecia el conjunto de la madeja. Y esa madeja va a necesitar ser pronto reparada.
Mª Josefa es pequeña aún, no ha cumplido tres años, no es especialmente revoltosa, pero si exploradora de su entorno, como todos los niños del mundo, nosotros incluidos. Esas exploraciones no suelen ser difíciles para ningún niño, pero…como no siempre se calculan los posibles riesgos, pueden venir malas consecuencias.

Al grano. Mª Josefa se subió a un banco en un momento de descuido de quien la cuidaba, y ¡zas! Se fue al suelo con mala suerte. Dicen que los niños están hechos de goma, y que los golpes y caídas les hacen poco daño. Pero en nuestro caso, no fue así. Mª Josefa se había roto las piernas, el golpe había sido más serio de lo que parecía.
Sus padres buscaron inmediatamente ayuda médica. Pero no parece que les dieron muchas esperanzas. Y aquí vemos la mano del tejedor que trata de recomponer el Hilo de Oro de la vida de Mª Josefa. Una vida que tiene para él mucha importancia, porque la pequeña está destinada a convertirse en tejedora de otros Hilos de Oro que se le irán acercando en un futuro no demasiado lejano.

La sierra de Aralar no está muy lejos de Vitoria, la cuna de Mª Josefa. Y todo vasco lleva dentro un montañero. El sillero Bernabé toma en brazos a su pequeña, y con su mujer Petra al lado, emprende el camino de los altos en cuya cima está la ermita de San Miguel. Dentro se encuentran las cadenas que Teodosio de Goñi llevó a la cintura en penitencia por el asesinato de sus padres, hasta que se rompieron en señal del perdón de Dios. Llegados allí por las trochas y vericuetos de montaña, los afligidos padres colocaron a la niña debajo de las cadenas, animándola a ponerse en pie y andar.

Mª Josefa se levantó del suelo, y recorrió sin dificultad los pasos que su aitatxo le animaba a dar. Había sanado. Su Hilo de Oro se podía seguir tejiendo a lo largo de los años que siguieron hasta hacerse mujer. Entonces será ella la que va a tomar las riendas de su existencia. Y será un foco de luz y vida para tantos que lo necesitan. Pero todo eso, ella no lo sabe. En este momento es una niña que vive feliz con sus padres y pronto, también con sus hermanas, hasta que el destino, o mejor, la Providencia, le vaya señalando la ruta.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Agosto 2020

Cuando todo empieza

Nosotros somos criaturas finitas. Es decir, que nuestra vida tiene un principio y un final. Y toda ella está envuelta o rodeada de circunstancias especiales, únicas, que se van desarrollando como una madeja que devanamos para que pueda participar en el trabajo que estamos llevando a cabo.

Dentro de esa madeja, de las circunstancias y acontecimientos que forman nuestra vida, está nuestro particular Hilo de Oro. Naturalmente, al formar parte del todo de la madeja, está entrelazado con otros muchos hilos, enmarañado incluso, a veces lleno de nudos, muy enredado, incluso sucio. Pero siempre presente.

A veces, puede parecer que se ha roto, incluso que lo han cortado con un tijeretazo inoportuno o premeditado. Y la madeja puede complicarse del todo, pues le falta ese hilo maestro que la hace estable. ¿Qué hacer? ¿Desechar nuestra madeja? Pudiera parecer la solución más rápida, pero ¡alto! Quizá no sea la más conveniente. Los expertos tejedores tienen mil soluciones y argucias para reparar estos frecuentes desaguisados que ocurren, y que muchas veces, son causados por la inexperiencia o torpeza de nuestras manos, a veces jóvenes y poco acostumbradas al manejo de Hilos de Oro.
Cuando comprobamos que solos no podemos salir del atolladero, lo mejor es pedir ayuda. Si lo hacemos, entonces, el maestro tejedor interviene en nuestro trabajo. Con mano delicada, para no romper otros hilos, busca pacientemente nuestro Hilo de Oro, para unir los dos cabos en donde estaba la rotura, y poner nuevamente en marcha nuestra madeja.
Seguramente esto no solo ocurrirá una vez, sino varias. Si después de una experiencia de descalabradura de madeja, recurrimos al maestro, y vemos un buen resultado, podemos tener la confianza de que su experiencia y destreza nos ayudará a salir de apuros e iremos aprendiendo a manejar cada vez mejor el delicado Hilo de Oro.

Unas veces lo hará personalmente. Otras, nos insinuará donde podemos encontrar el fallo, y el modo en que podamos repararlo con nuestros propios recursos. Otras veces nos indicará si algún otro tejedor compañero puede echarnos una mano. Y de este modo, iremos devanado nuestra madeja y componiendo el tapiz de nuestra vida sin perder de vista ese Hilo de Oro que le va dando forma.
Al final, cuando el tapiz esté terminado, será el maestro tejedor quien venga a revisar nuestro trabajo, enmendar los errores, y rematar la obra con mano maestra. Y tomado el cabo final de nuestro Hilo de Oro, el mismo, con su mano, la firmará poniendo nuestro nombre.

Lo que puede parecer un cuento, no lo es en realidad. Es la metáfora de nuestra vida, y de todas las vidas que han sido y serán en el mundo. Con ellas se van formando los maravillosos cuadros que el Artista eterno quiere hacer con sus criaturas. Y a todas nos pide nuestra colaboración. En mil tareas y formas. A todos nos tiene destinados para ser Hilos de Oro brillantes en sus obras, no importa el grosor ni la duración del hilo. Basta que no pongamos obstáculos, aprendamos a soltar los nudos, los enganchones del hilo, y seguir formando la trama.

El nos dará las pautas a seguir en el dibujo, y las formas de lo que desea que hagamos con nuestra labor. Esa colaboración nos sorprenderá, pues cuando llegaremos a descubrir la totalidad del tapiz del que hemos formado parte, veremos que nuestro pequeño Hilo de Oro era imprescindible para la belleza de todo el conjunto.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Con motivo del 150 aniversario de fundación de las RR. Siervas de Jesús de la Caridad, haremos un recorrido por nuestra historia congregacional de la mano de Sor Itziar Elguea. Un maravilloso itinerario llamado “Hilo de Oro”.

Hilo de Oro

Cuando miramos un acontecimiento cualquiera, y sin necesidad de tener una vista de águila, podremos darnos cuenta de que “algo” serpentea por los entresijos que forman el objeto de nuestra curiosidad, por llamarlo de alguna manera, como si fuera el “leiv motiv” de todo ello.

De ese mismo modo, si nos fijamos en nosotros mismos, en nuestra propia vida, no tardaremos en descubrir ese “algo” que va dando forma a nuestros pensamientos, vivencias, etc. Y que es lo que marca el camino que recorremos.
Es por eso, que creo que todos tenemos nuestro “Hilo de Oro”, una razón que nos va guiando casi imperceptiblemente por todo nuestro existir. Y que endereza lo torcido, abre puertas desconocidas que hasta entonces se mantenían cerradas o simplemente eran desconocidas para nosotros. Cuantas veces, seguimos un ideal, un sueño, o quizá una quimera. Las cosas se tuercen y retuercen, seguimos por aquí y por allá, volvemos atrás, tomamos una nueva ruta, nos topamos con un muro o un callejón sin salida. ¿Qué hacer? Algo nos dice que lo mejor era volver a cierto punto en que quizá se pudiera hallar salida a esa situación. Lo pensamos, nos desanimamos, y después de muchas vacilaciones, nos decidimos.

Y allí estaba la solución. Inesperadamente vemos luces que no habíamos percibido anteriormente, nos sentimos con fuerzas con las que no contábamos, y somos capaces de colocar las piezas de nuestro puzle en un santiamén, siguiendo los cauces que nos marca el sendero tenue al que no habíamos dado importancia anteriormente.

Ese sendero tenue, esa pieza insignificante que todo lo pone en su sitio, es nuestro “Hilo de Oro”. Es la fuerza que nos recoloca, que nos pone en nuestro sitio, y nos abre los ojos a un panorama desconocido, pero a la vez hermoso y atrayente, aun cuando tenga sus riesgos y trabajos.
Una vez en el comienzo de nuestro “Hilo de Oro”, las cosas cambian. ¿Todo fácil? De ningún modo. Hay asperezas, disgustos, sufrimientos, pero sabemos que es el camino de nuestra vida, y por el que debemos seguir adelante, trabajando constantemente en vencer los retos que se nos van apareciendo. Y cuando se tiene la seguridad de estar en el camino verdadero, nos sentimos con fuerzas y entusiasmo para seguirlo.

Alguien que trabajó y lucho por seguir el “Hilo de Oro” de su vida, fue Santa María Josefa. Como todos nosotros, necesitó encontrarlo, ya que también, como nos ocurre también a nosotros, estaba mezclado y envuelto en muchos otros hilos, que no le dejaban mostrar su brillo, y esa opacidad la obligó a trabajar para desentrañarlo, desprenderlo de cuanto lo ocultaba, y una vez en posesión de él, seguirlo resueltamente.

El Hilo de Oro siempre es la voluntad de Dios. Los caminos de la Providencia. El plan especial que el Señor nos ha trazado a cada uno. Solo nosotros lo podemos cumplir. Es personal e intransferible. Quedará eternamente vacío si nuestro egoísmo, comodidad, cobardía y tantos otros miedos, nos bloquean para no llevarlo a cabo.
Pero también será fuente constante de alegría y gozo, porque ¿Quién es el que tiene los dos cabos de nuestro Hilo de Oro? Dios, el Eterno infinito inmutable, que es seguro y firme, bueno, poderoso, y nos ama como el Padre que es.
Celebramos los 150 años de la fundación de la Congregación. Un maravilloso “Hilo de Oro” en el que todas estamos enroladas, con un fin que sabemos merece la pena. A lo largo de este año, podemos ir descubriéndole y conociéndole.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Julio 2020

Portafolio

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