150 Aniversario

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Hilo de Oro

Julio 2021

Volviendo a nuestro hilo de oro

¿Qué, cómo vamos en nuestro seguimiento de ese famoso Hilo de Oro que va marcando nuestra ruta? Llevamos un año intentando escudriñar nuestra Congregación por el derecho y el revés, porque es nuestra y la queremos. Y por eso, nos interesa conocerla hasta la cocina.

El derecho de nuestra Congregación es hermoso: Hermanas heroicas, fundaciones difíciles, situacio-nes asombrosas… y todo esto, “tejido” a lo largo de 150 años, de la mano de Santa Mª Josefa, que la vamos viendo como mujer cercana y conocedora del material que Dios ponía en sus manos para ayudarle en su obra. Un tapiz hermoso de formas y colores.

¿Y el revés? Una trama nada atrayente, con los hilos retorcidos y mezclados de todas las formas inimaginables. Tiene poco de vistosa. Hay también buenos nudos, señal de que ha habido cortes y se ha tenido que enmendar el tejido muchas veces. Pero los Hilos de Oro brillan por todo el entramado. Están todos. Los de las actuales Siervas de Jesús, y los de las Hermanas que ya han culminado ese tejido y nos han dejado marchando a la casa del Padre-Tejedor. Vamos tú y yo a darle un vistazo, que seguro que reconoceremos más de un nudo y más de un corte.
Aquí está aquella vez que me sentía derrotada y pensaba que no podía más. Esta otra vez, fue cuan-do aquella Hermana con su ejemplo y sus consejos, me ayudó a salir adelante de un buen atolladero, y descubrí una fuerza inesperada. Aquí se encuentra un momento de gracia especial que me ayudó a dar un giro a mi vida, por encontrarme con fuerzas para ello. Y así, vamos identificando nuestra vida desde el revés. Pero fíjate en una cosa. Por el revés no se ve el dibujo del tapiz. Solo el grandísimo revoltijo de los hilos. Lo que tiene de especial ese entramado, es que todo él está tejido por Hilos de Oro.
Si, Hermana, somos nosotras el Hilo de Oro que en las manos del Tejedor ha formado el tapiz. No-sotras puede que solo hayamos visto “el revés”, la trama burda y retorcida, con sus tirones, nudos y cortes. Pero eran necesarios para lograr “el derecho” que algún día podremos contemplar, junto con Santa Mª Josefa y el resto de Siervas de Jesús. Cuando digo esto, seguro que alguna pensará: Esa Hermana es de lo más romántica; cómo se ve que no ha pasado por los momentos que me han tocado a mí. Otro gallo le cantaría si estuviera en mis zapatos.

Bueno, seguramente que tienes razón, hermana. A cada una nos tocan nuestros tragos amargos en la vida, y que no se parecen ni poco ni mucho a los de las demás. Pero si te fijas, todas tenemos épocas buenas y menos buenas, y esto, ha ocurrido en todos los tiempos. Lo que importa, es mantener la vista fija en la meta. Trabajar día a día sin esperar ver el resultado, es decir, el dibujo del tapiz. Eso lo dejamos para el final.

Las Siervas de Jesús tenemos una hermosa historia, de la que somos protagonistas, pero que no está concluida. Queda mucho por hacer, amar y servir. Solo hemos vivido 150 años de Amor y Sacrificio. No sabemos lo que el Amigo Tejedor tendrá dispuesto para nosotras. Por nuestra parte, solo nos queda la disponibilidad para secundar sus designios siempre, ahora como antes, nosotras como las Hermanas que nos han precedido. Hay que poner todo de nuestra parte para que la trama siga sin soluciones de continuidad, es decir, sin cortes, sin reparaciones. Es inevitable que en toda obra haya desgarros y desastres, pero lo que no podemos hacer es dejar el destrozo y tirar la toalla. Sigamos adelante con alegría, que el Tejedor tiene el telar bajo control. Trabajemos otros 150 años, o los que tengamos destinados, con el solo deseo de hacerlo para la gloria de Dios. Y aquí se termina este re-corrido en el que hemos caminado juntas. Un año hermoso que nos ha ayudado a construirnos como personas, cristianas y religiosas al servicio de Dios, la Iglesia y la sociedad actual. Siempre y en todo Amor y Sacrificio. Siempre Siervas de Jesús.

Junio 2021

Como se hace una santa

Si se lo preguntaríamos a Mª Josefa, nos respondería inmediatamente: “La verdadera santidad consiste en hacer todas las cosas por Dios, y esperar sólo de El la recompensa”.
Es decir, que todo aquel que aspira a santificarse, debe dejar a un lado sus propios intereses, y dedicarse a buscar aquello que sepa es la voluntad de Dios.

La persona emprende un camino de abandono en el querer de Dios que poco a poco la va “divinizando", es decir, la va haciendo más semejante a Dios. El germen de la vida sobrenatural recibida por todo cristiano en el bautismo, crece y se desarrolla como una planta a medida que la persona se va haciendo más dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo, que es el verdadero impulsor de esta vida divina en el alma del cristiano.
La vida de la gracia se desarrolla con el ejercicio de las virtudes teologales: fe esperanza y caridad, que entran en el alma con las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo. Mª Josefa comprendió muy pronto la importancia de esta vida de unión con la voluntad de Dios, y la inculcaba continua-mente a las Hermanas. La oración, la Eucaristía, la presencia de la Virgen María en la vida de la per-sona que desea santificarse, deben ser constantes que no pueden faltar.

A la vez, esta decisión de llegar a la santidad, no puede quedarse en algo teórico, en las nubes. Nada de eso. La santidad es algo muy concreto, que tiene mucho que ver con nuestro día a día. Ya desde que nos levantamos, nos vemos metidas hasta las cejas en este empeño. Es lo que decía Santa Teresa: “que digan lo que digan otros, caiga quien caiga, trabájese lo que se trabajare, aunque me parezca que no consigo nada, aunque no llegue nunca, aunque se hunda el mundo”. Ese es el trabajo para llegar a la santidad. Y a lo largo del día, se nos presentarán sin duda muchas ocasiones de ponerlo en práctica: el trabajo, la convivencia con las Hermanas y las personas con las que trabajamos, los con-tratiempos que se nos pueden presentar y que quizás trastornen nuestros planes muy bien construi-dos, el ejercicio de nuestro apostolado con enfermos difíciles y otros mil acontecimientos parecidos. ¿Qué hacer entonces?
Es el momento de hacer un alto, y recordar que tenemos que buscar nuestro Hilo de Oro en el tras-fondo de lo que nos está ocurriendo. En la vida no hay casualidades, todo es Providencia, y por eso todo está pensado por Dios para hacernos crecer en nuestro deseo de santidad.

Todo esto es una teología muy bonita, pero difícil de practicar. Y lo comprobamos en seguida, por-que nuestro amor propio, nuestros defectos y pasiones protestarán a la menor contradicción, para proponernos que lo mejor es andar por el camino ancho de nuestra comodidad y egoísmo.
Naturalmente, todas estas sugerencias, nos las atiza la concupiscencia que ha herido la naturaleza humana después del pecado original, o como decía San Ignacio de Loyola, “el enemigo de natura humana”, es decir, el demonio, que no pierde ocasión de llevar el agua a su molino.
Seguro que nos encontraremos solas, que nos parece que estamos pasando un túnel oscuro, y que no funciona ni la linterna del móvil.

Es entonces cuando hay que recurrir a los remedios de emergencia. Y el primero de todos, es pedir auxilio, y a gritos, si es necesario. ¿Quién puede estar cerca que me oiga? Pues el Amigo que no fa-lla. ¿Cuántas veces hemos visto esa preciosa estampa de Jesús, con su túnica roja, que nos mira a los ojos? Allí está El, como lo estaba en la barca que se hundía en medio del lago. Y nosotras, hundién-donos en el agua, mientras El nos tiende la mano para que recuperemos la confianza de que no esta-mos solas.
Si nos acostumbramos a hacer este ejercicio de “salvamento y socorrismo”, nos irá bien. Es una for-ma de ir creciendo en la confianza y al abandono en las manos de Dios, y a descubrir nuestro Hilo de Oro tan enmarañado y enredado en los mil acontecimientos de nuestro día a día, pero que no ha perdido su brillo, pues es metal precioso.
La santidad es trabajo de toda la vida. Seguramente no veremos el progreso ni las victorias que ten-gamos, y sí solo las derrotas, revolcones y magulladuras que cosechemos en nuestro camino. Cuida-dito con desanimarse, y decir que eso es muy difícil y no es para mí. Claro que lo es. Es para ti, para mí, y para todos y todas las que formamos el Instituto. ¿O crees que Dios se ha tomado el trabajo de hacer una obra que no sirva para sus fines, que son precisamente nuestra santidad? Pues solo faltaría eso.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Mayo 2021

Planeta enfermedad

En este año de la pandemia del covid-19, todos estamos preocupados por la evolución del virus, y la incidencia que este pueda tener en nuestras vidas. Pero la verdad es que pandemias, virus y enfer-medades, han arrasado siempre nuestra historia. Lo que pasa, es que hace mucho que no nos había caído encima una de ellas.

Las Siervas de Jesús estamos acostumbradas a movernos por este “planeta enfermedad”. De hecho, es nuestro ambiente natural de vida y trabajo. Desde nuestro “nacimiento” en la Congregación, sa-bemos que nuestros días (y noches) estarán marcados por tratamientos, curas y llamadas urgentes para aliviar dolores, caídas y situaciones parecidas, pero todas relacionadas con el cuidado de la sa-lud de nuestros semejantes. Y se nos adiestra y prepara para que sepamos hacer frente a contingen-cias de todos los colores que tengan relación con el tema salud-enfermedad.

Ya Santa Mª Josefa empezó pronto a lidiar con las bacterias y bacilos. Desde sus tiempos de Madrid en las Siervas de María, la epidemia de cólera la hizo estrenarse en estas batallas, y adquirir expe-riencia. Después, en Bilbao, al poco tiempo de la fundación, la viruela hizo su aparición en la villa, en un ambiente de guerra y hambre, que era el terreno predilecto para cualquier epidemia.

Las cosas no mejoraron mucho después. Ella mandaba a sus Siervas a distintas fundaciones, pero invariablemente, al poco tiempo aparecía por donde ellas estaban las bacterias de la viruela, del cóle-ra, del tifus, y de otras enfermedades semejantes, que se cobraban sus buenos porcentajes de vidas. Ellas solo tenían las armas de la cercanía, el consuelo, y los tratamientos mandados por los médicos, que a falta de antibióticos, eran poco eficaces. Mª Josefa se dio cuenta muy pronto de que la higiene y la desinfección eran armas que podían ser valiosas en las enfermedades infecciosas, y las empleó a fondo en la lucha contra las epidemias. Recordemos como enseñaba a las Hermanas la limpieza de objetos, la separación de las que estaban en contacto con los infecciosos del resto de la comunidad. La importancia del cambio de ropa, la ventilación de los ambientes, y también la valentía para ejercer el cuidado de los enfermos en cualquier situación.

En nuestros 150 años de vida, las Siervas de Jesús han hecho frente a las epidemias en todo lo largo y ancho de España. Han salido al encuentro de las llamadas de pueblos invadidos por el cólera, el tifus, la viruela, y cualquier otra pestilencia. Han sido capaces de trabajar en el cuidado de los infec-ciosos hasta dar la vida, como lo atestigua el honroso plantel de nuestras mártires de la caridad. Que ahora estemos repitiendo las vivencias de antaño, no nos tiene que impresionar, sino más bien, ha-cernos crecer en valentía y buscar el ejemplo de aquellas hermanas que nos han precedido.

Las epidemias no son cosa del pasado, sino de plena actualidad. La última, fue la epidemia de gripe del año 1918 que padeció Europa, y consiguientemente España, y que se llevó por delante muchos miles de víctimas. También las del Ebola, el Sars, las distintas gripes, y la VIH nos han afectado profundamente en tiempos recientes.
Luchar contra la enfermedad está insertada en el ADN de las Siervas de Jesús.

Conocer la etiología, los tratamientos y todas las características de las enfermedades, es algo que debemos hacer. No ser ingenuas ni creer en panaceas que no funcionan. Las vacunas son armas eficaces, que necesitan mu-cho tiempo de experimentación, pero que ayudan cuando han sido suficientemente evaluadas por los sistemas sanitarios mundiales. Y mientras tanto, es bueno ejercitarnos en nuestro carisma de “Amor y Sacrificio”, que no es la medicina menos eficaz. Santa Mª Josefa nos lo propondría en el primer punto de su programa. El segundo sería: “manos a la obra”; o lo que es lo mismo: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Vamos, que hay que estar en la realidad.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Abril 2021

Testigos

La Iglesia primitiva, tenía una palabra para definir a los cristianos que cuando arreciaban las persecuciones, habían confesado la fe en Jesucristo hasta el punto de dar la vida por El. Esta palabra era testigo, que en griego se dice MARTIR. Las Siervas de Jesús tenemos también nuestros testigos heroicos, nuestras mártires. No han derramado su sangre, pero han dado la vida cuando los momentos difíciles pedían una respuesta sin paliativos. Y ellas han respondido con coherencia.

Es una lista cortita, pero muy impresionante. Son Siervas de Jesús que saben lo que se están jugando en un momento crucial, y tienen la valentía de no retroceder, de no esconderse, de no tirar por la calle del medio, sino de afrontar, sin miedo o con miedo, la responsabilidad que conlleva la opción que hicieron un día. Son personas jóvenes, ninguna tiene más de 40 años. Algunas, muchos menos. Vamos a conocerlas, para que podamos admirarlas, quererlas e imitarlas, pues son también nuestras Hermanas.

La primera de ellas, en orden cronológico, es Sor Mª Jesús Zabala Arroniz. Era una de las primeras novicias de Santa Mª Josefa. Había nacido el 20 de febrero de 1843 en la anteiglesia de Castillo Elejabeitia, muy cerca de Bilbao, y tomado el hábito el 25 de noviembre de 1875. Murió el 29 de abril de 1882, contagiada por los enfermos que asistía durante la peste de Bilbao.

Sor Mª del Carmen Iparraguirre Lagarrinaga, nacida en Elorrio, Bizkaia, el 4 de enero de 1850, había tomado el hábito en Bilbao el 3 de febrero de 1879. Destinada en Logroño, fue la primera superiora, y murió el 1 de septiembre de 1885, contagiada de cólera por el enfermo que asistía.

Sor Providencia Recio es la siguiente. Había nacido en Burgos en 1857. Tomó el hábito en Bilbao, el 9 de septiembre de 1883. Destinada al hospital de Miranda de Ebro, ejercía el cargo de superiora de la comunidad al estallar la epidemia de cólera morbo de 1885. Murió el 12 de septiembre de 1885, contagiada por el enfermo que asistía.

Sor Dolores Maiztegui nacida en Durango, Bizkaia en 1861 y Sor Umbelina Berriain nacida en 1865 en Arnedo, la Rioja, morirán en Murcia, el 8 y el 22 de agosto de 1887, contagiadas asistiendo a los enfermos de tifus que asisten. Las dos tienen el presentimiento de que se van a contagiar y a morir, y así es. Pero no se acobardan. Solo piden a las Hermanas que no lloren, porque se van al cielo.

Sor Dulce Nombre Mediavilla era de Burgos y Sor Cristobalina Martinez de León. Destinadas en Castellón de la Plana, cuando llegó la epidemia de cólera morbo allí en 1891, todas las Siervas de la comunidad querían ir a asistir a los coléricos, por lo que hubo que rifar, y les tocó a ellas. Antes de salir de casa, ofrecieron su vida al Señor para que terminara la epidemia. Fallecieron contagiadas por los enfermos que asistían.

Sor Erundina Martinez, de Burgos, murió en La Unión, el 11 de febrero de 1910, a los 35 años, contagiada de tifus por asistir a una familia enferma. Había venido desde la comunidad de Palma de Rio para ayudar unos meses en el hospital, pero allí le esperaba el Señor para premiar su generosidad.

Sor Mª Desideria Hurtado González, nacida en 1876 en La Rioja y Sor Isabel Vea Uriarte, nacida en Jugo, Alava, en 1899, fueron destinadas a Chile. En la comunidad de Chillán ejercían la asistencia a los enfermos, cuando el 24 de enero de 1939 se produjo un fuerte terremoto. No abandonaron a sus enfermas, y prefirieron permanecer a su lado, a pesar del riesgo de morir aplastadas por los escombros del edificio. Las dos fueron encontradas junto a las personas que asistían cuando se pudieron retirar los cascotes del derrumbe.

Por el momento, hasta aquí llega el plantel de nuestras mártires de la caridad. Eso no quiere decir que esté terminado. La lista puede continuar, pues las Siervas de Jesús seguimos abiertas a prolongar nuestro carisma de Amor y Sacrificio, y a hacer realidad las palabras de Jesús: No hay amor más grande que dar la vida por quien se ama.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Con motivo del 150 aniversario de fundación de las RR. Siervas de Jesús de la Caridad, haremos un recorrido por nuestra historia congregacional de la mano de Sor Itziar Elguea. Un maravilloso itinerario llamado “Hilo de Oro”.

Hilo de Oro

Cuando miramos un acontecimiento cualquiera, y sin necesidad de tener una vista de águila, podremos darnos cuenta de que “algo” serpentea por los entresijos que forman el objeto de nuestra curiosidad, por llamarlo de alguna manera, como si fuera el “leiv motiv” de todo ello.

De ese mismo modo, si nos fijamos en nosotros mismos, en nuestra propia vida, no tardaremos en descubrir ese “algo” que va dando forma a nuestros pensamientos, vivencias, etc. Y que es lo que marca el camino que recorremos.
Es por eso, que creo que todos tenemos nuestro “Hilo de Oro”, una razón que nos va guiando casi imperceptiblemente por todo nuestro existir. Y que endereza lo torcido, abre puertas desconocidas que hasta entonces se mantenían cerradas o simplemente eran desconocidas para nosotros. Cuantas veces, seguimos un ideal, un sueño, o quizá una quimera. Las cosas se tuercen y retuercen, seguimos por aquí y por allá, volvemos atrás, tomamos una nueva ruta, nos topamos con un muro o un callejón sin salida. ¿Qué hacer? Algo nos dice que lo mejor era volver a cierto punto en que quizá se pudiera hallar salida a esa situación. Lo pensamos, nos desanimamos, y después de muchas vacilaciones, nos decidimos.

Y allí estaba la solución. Inesperadamente vemos luces que no habíamos percibido anteriormente, nos sentimos con fuerzas con las que no contábamos, y somos capaces de colocar las piezas de nuestro puzle en un santiamén, siguiendo los cauces que nos marca el sendero tenue al que no habíamos dado importancia anteriormente.

Ese sendero tenue, esa pieza insignificante que todo lo pone en su sitio, es nuestro “Hilo de Oro”. Es la fuerza que nos recoloca, que nos pone en nuestro sitio, y nos abre los ojos a un panorama desconocido, pero a la vez hermoso y atrayente, aun cuando tenga sus riesgos y trabajos.
Una vez en el comienzo de nuestro “Hilo de Oro”, las cosas cambian. ¿Todo fácil? De ningún modo. Hay asperezas, disgustos, sufrimientos, pero sabemos que es el camino de nuestra vida, y por el que debemos seguir adelante, trabajando constantemente en vencer los retos que se nos van apareciendo. Y cuando se tiene la seguridad de estar en el camino verdadero, nos sentimos con fuerzas y entusiasmo para seguirlo.

Alguien que trabajó y lucho por seguir el “Hilo de Oro” de su vida, fue Santa María Josefa. Como todos nosotros, necesitó encontrarlo, ya que también, como nos ocurre también a nosotros, estaba mezclado y envuelto en muchos otros hilos, que no le dejaban mostrar su brillo, y esa opacidad la obligó a trabajar para desentrañarlo, desprenderlo de cuanto lo ocultaba, y una vez en posesión de él, seguirlo resueltamente.

El Hilo de Oro siempre es la voluntad de Dios. Los caminos de la Providencia. El plan especial que el Señor nos ha trazado a cada uno. Solo nosotros lo podemos cumplir. Es personal e intransferible. Quedará eternamente vacío si nuestro egoísmo, comodidad, cobardía y tantos otros miedos, nos bloquean para no llevarlo a cabo.
Pero también será fuente constante de alegría y gozo, porque ¿Quién es el que tiene los dos cabos de nuestro Hilo de Oro? Dios, el Eterno infinito inmutable, que es seguro y firme, bueno, poderoso, y nos ama como el Padre que es.
Celebramos los 150 años de la fundación de la Congregación. Un maravilloso “Hilo de Oro” en el que todas estamos enroladas, con un fin que sabemos merece la pena. A lo largo de este año, podemos ir descubriéndole y conociéndole.

Sor Itziar Elguea Isasi, Sierva de Jesús

Julio 2020

Portafolio

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